lunes, 27 de febrero de 2017

De empleado a empresario y de empresario a deudor.

Muy lleno de esperanzas, sueños y fuerzas,
entendí que era el momento del gran paso.
Llegó el momento de arriesgar mi jornal,
y apostar por lo que había planeado.

Después de haberme preparado y estudiar
por largos años y haber pulido mi talento,
ha llegado el tiempo de trillar y forjar
mi camino, dejar el pasto, subir al pavimento.

Los tiempos de los planes terminaron.
Mi empresa he decidido levantar.
Honraré al fisco, pagaré mis impuestos.
A la causa de la patria he de aportar.

Las cosas marchan bien en mis inicios.
Los clientes aquilatan mi labor.
La gente empieza a comprar nuestros servicios.
Nuestra fama se esparce cual rumor.

Las cuentas por cobrar ya se incrementan.
Todo marcha acorde a lo planeado.
La cartera de clientes también aumenta.
La realidad es mejor que lo soñado.

II

Mas de repente, se oscurece el panorama,
La DGII ya está tocando nuestras puertas,
algo que aún no estaba en mi programa,
nos ultiman: “pongan al día sus cuentas”

El escenario da  un giro inesperado.
Aún no han sido cobradas las facturas.
Pero el fisco insiste: “Los impuestos son sagrados”,
Y allí comienza de mi empresa la aventura.

III

En mi afán de honrar mis compromisos
y  no fallarle al fisco en mis impuestos
desfalqué el capital de mis ahorros,
sacrifiqué la idea del crecimiento.

Algunas facturas se cobraron,
Y el túnel parecía tener final,
pero Hacienda embestía con mayor fuerza,
“O pagas o cierras” me informaron;

 Esta vez, por no cerrar mi empresa,
recurrí a endeudarme con la banca,
que error, pues para mi sorpresa,
ya de  este golpe nada nos levanta.

IV

No les importó las finanzas de mi empresa.
Vieron la oportunidad y la tomaron,
Nos vieron como el cazador mira su presa,
destruyeron mi negocio, lo saquearon.

Me advirtieron no ser tan transparente,
ni mostrar todas las cartas al estado.
Para ellos, el dinero es lo importante.
No sabes cuanta gente han desfalcado.

Parecen sanguijuelas estatales,
seres sedientos de  dineros,
parásitos, vampiros municipales,
carroñeros, buscando mataderos.

V

 Por tantos años me preñé de sueños
Me llene de ideas tan irreales,
daba en balde libertad a mis pensamientos,
como esclavo, respirando ideales.

Es una guerra  levantar una empresa.
Son tantos los frentes que te abres.
Vencer la inercia, cuando se comienza,
Mantener la frente en alto mientras corres.

VI

No me arrepiento de haber dado este paso.
Fue amarga la experiencia lo confieso.
Pero abona, muy dentro de mi pecho.

El anhelo de plena libertad para mi pueblo.

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